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Editorial – Abril

La Cooperativa de la Previsión Social es una institución que por su propia naturaleza y características está basada en los principios fundamentales de la solidaridad y la cooperación, habiendo desarrollado –fundamentalmente en los últimos 10 años- una política tendiente a incrementar las acciones y fomentar los principios y modalidades fundamentales del cooperativismo como es en particular el desarrollo continuado del Principio de Intercooperación.

Sin lugar a dudas, este mecanismo que puede resultar a la vista de todos como algo natural -pues en definitiva lo que busca es el fortalecimiento de los miembros que integran un mismo movimiento cooperativo- no obstante por diversas dificultades que en la autocrítica que nos alcanza no tenemos empacho en admitirlo, las cooperativas, la mayoría de ellas nacidas del seno de sindicatos de trabajadores, desarrollaron una mirada demasiado centralista y cerrada a la atención de su propia masa social, descuidando la capacidad que existe si ese mismo esfuerzo es realizado de manera mancomunada a partir del desarrollo intercooperativo no solo entre unidades productivas operativas de la misma naturaleza, si no alcanzando un estadio superior que es la interrelación e intercooperación entre cooperativas de diversas clases como son a modo de ejemplo cooperativas de consumo, de trabajo y producción y cooperativas de ahorro y crédito entre otras.

Más allá de nuestro caso particular donde hemos podido lograr la integración de cooperativas de consumo con cooperativas de ahorro y crédito y a través de ellas con las cooperativas de trabajo y producción que integran la Federación de esta modalidad, entendemos que el potencial que se puede desarrollar a través de la intercooperación no tiene techo y necesariamente debe alcanzar a todo el movimiento nacional de la economía social.

Existen experiencias a nivel internacional que han podido sortear las más graves crisis económico-financieras de los llamados “países centrales” a partir de lo que venimos planteando. Un ejemplo de ello es la experiencia de Cooperativa de Mondragón y demás organizaciones cooperativas vascas.

Otro ejemplo en ese sentido es detenerse en analizar la conformación del engranaje económico de bastas regiones de Italia, principalmente del centro y norte de la misma, en particular en La toscana y La Emilia Romagna, donde existen múltiples entidades de unidades productivas cooperativas que se interrelacionan y que en su conjunto representan gran parte del PBI nacional de la República de Italia.

Sin embargo esto que es muy claro ha sido un desafío que permanentemente se ha puesto sobre la mesa, dado que, a partir de las urgencias y las coyunturas propias de cada una de las instituciones, no se eleva la mirada de la manera necesaria para plantearse que gran parte de las soluciones a los problemas que se presentan pueden resolverse a través del desarrollo de la intercooperación.

Sin lugar a dudas, nuestro país a partir de la creación de la Ley General de Cooperativas, producto de un esfuerzo institucional promovido desde el Poder Ejecutivo y llevado adelante desde el Parlamento, en un trabajo mancomunado con cada uno de los actores que integran el movimiento cooperativo nacional, dieron luz a una norma que sintetizó todo lo que estamos planteando.

Simplemente, a modo de ejemplo, en los diversos encuentros de la Alianza Cooperativa Internacional, la Ley 18.407 ha sido reconocida como un modelo jurídico a seguir.

Más allá de esto, la exigencia de los actores nacionales y de la experiencia vivida a partir de esta norma tan preponderante no ha sido obstáculo para seguir planteando nuevos aportes propositivos que van en el sentido de la modificación de la norma referenciada a los efectos de optimizar su alcance.

Dicho esto, uno podría plantearse con naturalidad y sin crispación, por qué teniendo estas herramientas y el reconocimiento del Estado a través de instituciones como lo son el INACOOP (Instituto Nacional de Cooperativismo) aún entendemos desde la Cooperativa de la Previsión Social, que no hemos alcanzado estados superiores en lo que se refiere a la intercooperación.

La probable respuesta a esta pregunta es que existe una dificultad aún entre quienes integramos el movimiento cooperativo de poder plasmar la teoría en la acción. Esto no quiere decir que no haya habido experiencias en lo referenciado, muy por el contrario, las hay y muy buenas, pero en un mundo donde se plantean desafíos que tienen que ver con la creación de empleos, con el desarrollo de tecnologías, con el impulso de la investigación nos exige cuestionarnos de manera autocrítica y sin autoflagelaciones que nuestros procesos aún son lentos.

Es por ello que, sin pretender ser un modelo, ni caer en el simple autoelogio, desde la Cooperativa de la Previsión Social integrada por personas de muy larga trayectoria en el Cooperativismo, entre otros el recientemente desaparecido Contador Juan José Sarachu, y el Sr. Jorge Alvariño -quienes además fueron los protagonistas de todo el proceso de la Ley General de Cooperativas, integrando desde su génesis la Comisión Honoraria de Cooperativismo- han promovido de manera tenaz una política de integración cuyos resultados se ven plasmados en políticas de interrelación que a la fecha alcanzan a una masa social de cooperativas que se traducen en al menos 50.000 socios y tres modalidades: Consumo, trabajo y producción y Ahorro y Crédito.

Es entonces que desde la Cooperativa de la Previsión Social, no solo dirigimos gran parte de nuestros esfuerzos en aras de la intercooperación como modalidad de interrelación cooperativa como consigna y acción a la vez que sin falsa modestia lo hemos hecho creando un entramado que hoy alcanza a todo el territorio de nuestra patria con más de 35 Agencias y Sucursales.

Queremos destacar que nuestras distintas comparecencias en el Parlamento, tanto dirigentes como trabajadores de nuestra cooperativa representando a sus respectivas organizaciones, llámese Federación Uruguaya de Cooperativas de Consumo o Agremiación de Trabajadores de Cooperativas de Consumo afiliadas al PIT-CNT, hemos remarcado este aspecto que ha sido recibido con mucha expectativa y a la vez fervor por parte de los Sres. Parlamentarios de todas las fuerzas políticas que aspiran al desarrollo efectivo y concreto de la Economía Social.

Más allá de todo lo dicho, desde la Cooperativa de la Previsión Social en una perspectiva global entendemos que aún falta mucho que recorrer.

Si uno analiza que gran parte de las unidades productivas que integran el entramado económico de nuestro país son de mediano y pequeño porte, nosotros decimos que con más razón el sistema cooperativo puede y debe desarrollar su política de integración a través de la intercooperación en virtud de que existen condiciones para interactuar y crear un entramado económico que tenga un peso relevante en el sistema productivo nacional.

El desarrollo de una economía social, de una economía alternativa que genere puestos de trabajo genuinos, formalizados, con las mejores condiciones de trabajo constituyen la mejor alternativa que nuestra sociedad puede presentar ante un mundo que plantea desafíos con visiones apocalípticas del presente y del futuro inmediato.

Para el Consejo Directivo de la Cooperativa de la Previsión Social no existe economía si en ella no se pone al ser humano como centro de la misma.

Para nosotros no es concebible la economía basada en el concepto especulativo o en el lucro como fin único ya que a fin de cuentas lo único que esta produce son crisis más o menos cíclicas que arrojan a las personas y fundamentalmente a los trabajadores a la angustia y desesperación.

Es por todo esto que creemos que el futuro de la economía solo es legítimo si su contenido se basa profundamente en lo social.

En nuestro País tenemos para todo esto el marco jurídico fundamental, tenemos además un Estado con tradición sensible a los aspectos sociales y lo más importante, tenemos mujeres y hombres capaces de afrontar los desafíos que venimos planteando.

Consejo Directivo de la Cooperativa de la Previsión Social

Abril 2019

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